Sostengo que el arte es el propulsor de la vida oculto en la necesidad inenarrable de expresar lo que las palabras por sí solas no logran.
Sostengo que la vida humana contiene dimensiones de misterio que solo pueden ser aprehendidas a través de la razón sensible y sintiente.
En mi práctica recurro a los cuatro lenguajes —el sonoro, corporal, textual y visual—, los combino entre sí cuando la obra me lo pide.
Dicen que Chagall decía que el mundo interior no era menos real que el exterior. A mí me interesa el interior: la ambigüedad del gesto, la incomodidad, las contradicciones son emociones que duran lo que dura un suspiro. El cruce de lenguajes me permite crear lazos expresivos para hablar de estos temas.


